Barcelona puede ser un gran laboratorio para repensar la función pública. No solo porque concentra retos globales —sostenibilidad, desigualdad, transformación digital—, sino porque permite observar cómo estos desafíos tensionan los marcos tradicionales de gestión. El artículo de ESADEpublic recuerda que la ciudad es lo bastante compleja como para poner a prueba nuevas formas de administrar y de gobernar. Y eso incluye repensar el papel de quienes trabajan en el sector público.
Barcelona puede ser un gran laboratorio para repensar la función pública. No solo porque concentra retos globales —sostenibilidad, desigualdad, transformación digital—, sino porque permite observar cómo estos desafíos tensionan los marcos tradicionales de gestión. El artículo de ESADEpublic recuerda que la ciudad es lo bastante compleja como para poner a prueba nuevas formas de administrar y de gobernar. Y eso incluye repensar el papel de quienes trabajan en el sector público.
La función pública del futuro no puede limitarse a aplicar normas: debe generar valor público, trabajar con datos, gestionar de forma colaborativa e impulsar la innovación desde dentro. Hace falta liderazgo profesional, capacidad analítica y flexibilidad organizativa para responder a problemas que no tienen manual. En este sentido, el debate sobre la gestión de las ciudades es también un debate sobre cómo transformar nuestra administración: más abierta, más ágil y con profesionales capaces de conectar la política con la realidad social.
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