Ante el reciente debate sobre la aprobación del nuevo Estatuto de Prácticas no Laborales, surge la necesidad de analizar críticamente si las medidas propuestas realmente solucionan los problemas de precariedad y fraude que afectan a miles de estudiantes en España. Por eso, a raíz del artículo de Jesús Cruz Villalón (“El necesario estatuto de prácticas no laborales”), comparto esta reflexión:
Ante el reciente debate sobre la aprobación del nuevo Estatuto de Prácticas no Laborales, surge la necesidad de analizar críticamente si las medidas propuestas realmente solucionan los problemas de precariedad y fraude que afectan a miles de estudiantes en España. Por eso, a raíz del artículo de Jesús Cruz Villalón (“El necesario estatuto de prácticas no laborales”), comparto esta reflexión:
Tal y como señala Cruz Villalón, si las prácticas no laborales no aportan beneficio económico a las empresas, solo suponen costes. Si se les exige que asuman esos gastos sin compensación pública, la consecuencia es clara: o las empresas dejan de ofrecer prácticas, o mantienen el sistema del “falso becario”, perpetuando la precariedad juvenil y el fraude.
El autor lo advierte con contundencia: sin financiación pública seria, el estatuto está abocado al fracaso y la hipocresía. Ninguna empresa puede actuar como “hermanita de la caridad” en un sistema que solo le impone costes. Sin apoyo estatal, prevalecerá la lógica del “truco o trato”: o no hay prácticas, o continúa el trabajo encubierto.
En definitiva, regular no basta; hace falta compromiso económico y vigilancia para evitar que la ley sea una mera fachada que no resuelva el problema de fondo.
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