El pasado fin de semana más de 30.700 personas se examinaron para 340 plazas en el Ayuntamiento de Madrid. Las cifras impresionan, pero también revelan algo más profundo: un modelo de acceso al empleo público que genera ratios de hasta 147 aspirantes por plaza y que sigue basándose en pruebas memorísticas multitudinarias, pese a que las tareas reales de los puestos requieren competencias muy distintas.
El pasado fin de semana más de 30.700 personas se examinaron para 340 plazas en el Ayuntamiento de Madrid. Las cifras impresionan, pero también revelan algo más profundo: un modelo de acceso al empleo público que genera ratios de hasta 147 aspirantes por plaza y que sigue basándose en pruebas memorísticas multitudinarias, pese a que las tareas reales de los puestos requieren competencias muy distintas.
La nota oficial pone el foco en la logística -aulas, impresiones, seguridad, personal desplegado-, pero apenas entra en lo que realmente importa: por qué seguimos atrapados en procesos que no resuelven la temporalidad, no anticipan necesidades estratégicas de personal y no miden adecuadamente las capacidades que hoy son clave en la Administración.
Que el 78 % de quienes se presentan sean mujeres y que la mitad de las personas aspirantes tenga menos de 46 años tampoco es una simple curiosidad estadística. . Es el reflejo de un mercado laboral, de un mercado laboral que busca estabilidad allí donde la encuentra, y de unas administraciones que, pese al enorme esfuerzo organizativo, continúan recurriendo a oposiciones masivas porque no han abordado de fondo la reforma del modelo.
No es solo una cuestión de logística; es una cuestión de sistema.
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