Debates | Absentismo en la Policía Local: indicador organizativo y no problema individual
El debate sobre el absentismo en la Policía Local no es, en realidad, un debate sobre bajas. Es un debate sobre modelo organizativo. Por lo tanto, el artículo de Joan-Carles de Blas acierta al tratar el absentismo como un indicador avanzado del funcionamiento real de las organizaciones. Esa lectura es especialmente relevante en el ámbito local, donde las disfunciones organizativas tienden a gestionarse como problemas individuales y no como expresiones de un determinado diseño institucional.
Desde esta perspectiva, el absentismo conecta directamente con cómo se han concebido las políticas de recursos humanos en muchos ayuntamientos: más como función administrativa de gestión de personal que como una verdadera política pública estratégica integrada en la gobernanza de los servicios. La lógica dominante sigue siendo la del expediente, la cobertura de plazas y el control formal, y mucho menos la de la planificación de personas, el desarrollo profesional o la sostenibilidad organizativa.
Las consecuencias son estructurales: planificación de plantillas débil, carreras profesionales poco consistentes, sistemas de reconocimiento frágiles, déficits en la formación de mandos y una atención todavía insuficiente a los riesgos psicosociales y al desgaste profesional. En cuerpos complejos y altamente exigentes como las policías locales, estas carencias no se compensan; se acumulan. Y terminan aflorando en forma de desmotivación, conflictividad interna o absentismo prolongado.
Leído así, el absentismo deja de ser un dato de gestión y se convierte en una señal sobre cómo se gobiernan las organizaciones públicas: cómo se distribuyen cargas y oportunidades, qué márgenes reales de autonomía existen, qué expectativas profesionales se ofrecen y qué lugar ocupa el cuidado institucional de quienes sostienen el servicio público.
Por eso, el debate que abre este artículo es especialmente pertinente. Abordar el absentismo de manera sostenida exige revisar el lugar que ocupan las políticas de RRHH en el mundo local: pasar de una lógica reactiva a una lógica estructural. Planificar personas y no solo plazas, profesionalizar seriamente los mandos, repensar turnos y cargas, articular sistemas de desarrollo y reconocimiento y vincular de forma efectiva salud laboral, liderazgo y calidad del servicio.
En última instancia, el absentismo interpela a la madurez institucional de nuestros ayuntamientos y a su capacidad para construir organizaciones públicas sostenibles.
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