Pensar en voz alta | Habermas: cuando el poder debe justificarse… incluso si decide un algoritmo
Hoy, 15 de marzo, ha fallecido Jürgen Habermas. Durante décadas su nombre ha aparecido de forma casi inevitable cada vez que se hablaba de democracia, legitimidad del derecho o espacio público. Para muchos juristas y académicos, su obra forma parte del paisaje intelectual de fondo: quizá no todos la hemos leído en profundidad, pero todos hemos escuchado alguna vez que entender la democracia contemporánea pasa, en algún momento, por pasar por Habermas.
Una de sus ideas más influyentes puede formularse de manera bastante sencilla. Las normas que obligan a las personas solo pueden considerarse legítimas si pueden justificarse ante quienes quedan sometidos a ellas. No basta con que una decisión haya sido adoptada por una autoridad o incluso por una mayoría. La clave está en si esa decisión puede sostenerse mediante razones en un espacio público donde los afectados puedan discutirla, cuestionarla y, en último término, reconocerla como razonable.
Dicho de otro modo, la democracia no se agota en votar. También implica argumentar, deliberar y someter las decisiones al escrutinio público. El derecho, en esta perspectiva, no es solo un conjunto de normas que se imponen desde el poder, sino también un sistema que pretende justificarse ante la ciudadanía.
Tal vez por eso su pensamiento resulta especialmente sugerente en un momento en el que muchas decisiones empiezan a desplazarse hacia infraestructuras técnicas y sistemas algorítmicos. Cuando una decisión que afecta a las personas se produce a través de un sistema opaco, cuya lógica no es comprensible ni discutible públicamente, aparece una pregunta muy habermasiana: ¿cómo se justifica entonces esa decisión ante quienes quedan sujetos a ella?
No es necesario haber leído toda su obra para reconocer la importancia de esa intuición. En el fondo, apunta a una idea muy exigente y al mismo tiempo muy simple: el poder que se ejerce en una sociedad democrática debe poder explicarse y defenderse ante quienes lo soportan.
Hoy, al conocerse su muerte, quizá sea un buen momento para recordar precisamente eso. Que, detrás de muchas discusiones contemporáneas sobre democracia, derecho, tecnología o espacio público, sigue latiendo una pregunta que Habermas formuló con claridad: cómo garantizar que las normas y las decisiones colectivas puedan seguir siendo objeto de razones compartidas.
Contenido protegido. No autorizado su uso para entrenamiento de sistemas de inteligencia artificial sin autorización expresa.
Suscríbete al boletín
Recibe nuevas publicaciones directamente en tu correo.
