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Apuntes | Automatización y trabajo: del título a la tarea, de la profesión a la habilidad

El post de José F Tamames pone el foco donde ya no podemos mirar hacia otro lado: la automatización no está cambiando profesiones, está reordenando el trabajo por habilidades. No entra por los títulos, entra por las tareas. Y todo lo que es estructurable, medible y repetible se desplaza progresivamente hacia sistemas.

Este planteamiento conecta de forma muy directa con Alain Supiot Supiot. Desde hace años viene advirtiendo que no estamos ante un simple cambio tecnológico, sino ante un cambio de racionalidad: el paso de un gobierno del trabajo basado en la ley, el estatuto y la institución, a un gobierno basado en sistemas, indicadores y modelos. Del “imperio de la ley” al “gobierno por los números”.

El Skill Change Index lo visualiza bien. Las habilidades menos expuestas no lo son por “humanas”, sino porque incorporan juicio, responsabilidad, confianza y legitimidad: liderazgo, negociación, comunicación. En la franja media —gestión, escritura, resolución de problemas, calidad— no hay desaparición, sino mutación: del hacer al supervisar, validar, auditar, decidir y responder dentro de marcos definidos por sistemas.

Aquí está la revolución silenciosa. No es solo que las máquinas ejecuten. Es que los sistemas pasan a definir qué cuenta como trabajo, cómo se mide y bajo qué criterios se decide. El riesgo no es únicamente la sustitución, sino el vaciamiento del juicio profesional si este queda reducido a operar marcos diseñados en otra parte. Supiot lo formula con claridad: el ser humano conserva la responsabilidad, pero pierde progresivamente el control sobre las reglas que estructuran su acción.

Por eso esta discusión no es solo de empleabilidad. Es institucional y jurídica. Si la ejecución se automatiza y el valor se desplaza al criterio y al gobierno, el centro del debate pasa por cómo redefinimos perfiles, competencias, responsabilidad y garantías en entornos automatizados.

Más que una disrupción, estamos ante una mutación estructural del trabajo. Y ahí Supiot sigue siendo clave para no reducir este proceso a eficiencia, sino para entenderlo como una transformación profunda de cómo se define, se gobierna y se legitima el trabajo.

 

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