Apuntes | El uso del complemento de productividad y su progresiva desnaturalización.

Uno de los debates recurrentes en la gestión de personal en las administraciones públicas es el uso del complemento de productividad y su progresiva desnaturalización. El análisis jurisprudencial que recoge el trabajo de José Cano Larrotcha en el blog de ACAL, sigue siendo muy actual porque pone el foco no en la norma, sino en cómo se está aplicando en la práctica.

La jurisprudencia insiste en una idea clave: la productividad no puede funcionar como un complemento fijo encubierto. Su razón de ser es retribuir un rendimiento singular, un esfuerzo o unos resultados diferenciados, y eso exige algo más que una asignación automática o generalizada. Cuando la productividad se concede de forma periódica, homogénea o desvinculada de una evaluación real, deja de cumplir su función y se convierte en un problema jurídico y de gestión.

Desde un punto de vista práctico, hay dos enseñanzas especialmente útiles. La primera es que la productividad debe estar vinculada a criterios objetivos y verificables, aunque no sean sofisticados. No es imprescindible un sistema complejo de evaluación del desempeño, pero sí algún mecanismo que permita justificar por qué se asigna, se mantiene o se retira. La ausencia de motivación es, de hecho, uno de los principales motivos de anulación en sede judicial.

La segunda enseñanza es que la productividad no puede utilizarse para corregir déficits estructurales del sistema retributivo ni para compensar carencias organizativas. Cuando se emplea para “igualar” salarios, fidelizar personal o suplir la falta de carrera profesional, se traslada al complemento una función que no le corresponde y se debilita la coherencia del sistema en su conjunto.

Este tipo de criterios jurisprudenciales son especialmente relevantes para quienes gestionan recursos humanos en el ámbito local o autonómico. No solo sirven para evitar litigios, sino también para repensar cómo se diseñan los incentivos, qué se espera realmente del rendimiento individual y qué instrumentos son los adecuados para reconocerlo sin erosionar los principios de objetividad, transparencia y mérito.

Un debate que, más de una década después, sigue plenamente abierto…

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