Apuntes | Complejidad de los problemas públicos y desajuste de la arquitectura organizativa
Releyendo la entrevista de Manuel Castells publicada en El País (sección Ideas, 21 de diciembre de 2025, entrevista de Delia Rodríguez), hay una idea que resulta especialmente pertinente para el debate actual sobre tecnología, universidad y democracia.
Castells recuerda que la historia de la tecnología no es una historia lineal de destrucción de empleo, sino una dinámica constante de destrucción y creación simultáneas. El verdadero riesgo no está en la innovación en sí, sino en la falta de formación y de acompañamiento institucional para gestionar la transición, con un papel especialmente decisivo de la universidad: no basta con formar bien hoy, hay que formar para poder volver a formarse mañana.
Desde su teoría de la sociedad red, desarrollada también en esta entrevista en El País, Castells insiste en que internet no es un espacio externo a la sociedad, sino la propia sociedad organizada en forma de redes. Redes que amplían la conexión y la expresión, pero que también facilitan fragmentación, tribalización y polarización. El problema no es la pluralidad de identidades o discursos, sino la ruptura del vínculo social y la creciente dificultad para construir espacios comunes de deliberación.
En el plano político, Castells vincula estas dinámicas con la crisis de la democracia representativa y el auge de la antipolítica. Figuras como Trump no serían el origen del problema, sino el síntoma de una descomposición institucional más profunda. La paradoja que subraya en la entrevista —un multimillonario convertido en agente de transformación del sistema con el apoyo de la clase obrera— obliga a repensar categorías clásicas con las que seguimos intentando interpretar una realidad que ya ha cambiado.
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