A veces parece que la modernización municipal siga siempre el mismo guion: llega una tecnología nueva, la envolvemos en promesas épicas… y después descubrimos que el expediente sigue atascado en la carpeta de papel de siempre.
A veces parece que la modernización municipal siga siempre el mismo guion: llega una tecnología nueva, la envolvemos en promesas épicas… y después descubrimos que el expediente sigue atascado en la carpeta de papel de siempre.
Leyendo la “Semana 48 en el Ayuntamiento” de “Ayuntamiento en Beta” de Gonzalo Pellejero, una no sabe si reír o asentir con resignación. La historia es cíclica: la electricidad llegó tarde, los PCs se usaron a medio gas, la e-Administración prometió colas digitales que nunca desaparecieron, y las “smart cities” terminaron llenas de sensores que nadie mira.
Y ahora, claro, toca la Inteligencia Artificial. Entre chatbots municipales que responden más que algunos departamentos y usos improvisados de modelos generativos sin estrategia ni formación, cuesta decidir si estamos innovando… o repitiendo el patrón de siempre, solo que con vocabulario más sofisticado.
La ironía del texto es que no se burla de la tecnologia, sinó de nosotros mismos: del entusiasmo intermitente, de los “hypes” adoptados a destiempo y de esa tentación tan humana de pensar que un cacharro nuevo arreglará lo que no resolvimos con planificación, procesos y equipos sólidos.
Quizá la verdadera modernización no empiece con un algoritmo, sino con una pregunta incómoda: “¿Esto sirve para algo en mi municipio?”. Con que respondiéramos sinceramente, ya sería un avance.
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